PECADOS CONTRA LA VIRTUD DE LA ESPERANZA : PRIMER MANDAMIENTO



El primer mandamiento se refiere también a los pecados contra la esperanza, que son la desesperación y la presunción:
Por la desesperacn, el hombre deja de esperar de Dios su salvación personal,el auxilio para llegar a ella o el perdón de sus pecados. Se opone a la Bondad de Dios, a su Justicia porque el Señor es fiel a sus promesas y a su misericordia

La desesperación y la presunción son dos pecados contra la esperanza, y aunque parezcan contrarios entre sí, a veces son más similares de lo que parece y nos sirven mucho al momento de hacer el examen de conciencia.
No olvidemos que detrás de la virtud de la esperanza está la búsqueda de la felicidad del hombre, esa semilla que Dios ha sembrado en nosotros de "transcendencia".
A diferencia de un animal que es poca cosa, pero se sacia con poca cosa; nosotros somos poca cosa, pero no nos saciamos con poca cosa. Solo Dios es capaz de saciar ese deseo de infinito que tenemos dentro.


En la liturgia podemos explicar lo que es la virtud de la Esperanza, ahí donde celebramos los misterios de nuestra salvación, se ha popularizado un término para entender ese ritmo que  tenemos los cristianos de esperar la plenitud, de esperar la parusia . La liturgia es un "esperar" y un "adelantar" la llegada  ultima de Jesucristo :  "ven Señor Jes".
Ese ritmo al que nos referimos, que tiene la liturgia,   es lo que los liturgos han llamado el: "Ya pero todavía no". Es decir: Dios "ya" está en nosotros, pero "todavía no" en plenitud.


Las promesas de Dios "ya " se han cumplido, pero "todavía no" en plenitud; somos felices, pero no del todo; poseemos a Dios pero no le vemos.
Justamente en ese "ya pero todavía no" se explica la virtud de la Esperanza. Y se entiende, como la virtud de la Esperanza es un equilibrio entre el "ya" y el "todavía no".

Esos dos pecados "desesperación y presunción", caen en los dos extremos, de los cuales la Esperanza es el equilibrio.

Concretamente, la "desesperación" es el caer en el "todavía no", es propia de quien no valora nada de lo que tiene, no tiene la sensibilidad para ver que estamos rodeados de un montón de dones; tiende a no valorar y a despreciar tantas cosas que son  las "arras", son el adelanto de la felicidad plena que Dios quiere darnos.
Mientras  que  la  "presunción"  cae  en  el  extremo  contrario,  piensa  que  "ya"  lo  tenemos  todo,  que tenemos la plenitud, cuando en realidad no la tenemos. Piensa que lo tiene todo y no necesita esperar nada. Algunos le llaman "pecado de juventud", de ser ingenuo. 
Frente a esto la virtud de la Esperanza tiene ese equilibrio del "ya pero todavía no" 

-"YA"  porque  tengo  que  dar  muchísimas  gracias  a  Dios  por  tantos  dones  de  los  que  estoy rodeado, y en los que me veo querido por Dios, mimado por El, son regalos, son las arras, pero
-"TODAVIA NO" plenamente. En esta vida, yo no tengo esta felicidad plena que Dios me quiere dar en el cielo.

Es en la liturgia donde podemos vivir ese equilibrio de una manera muy gozosa: " En la liturgia, Dios se hace presente: ¡Dios está aq!, y al mismo tiempo esperamos y anhelamos su llegada definitiva, y anhelamos el dia en que nos juntemos con El. Este es el acto de la comunión, cuando comulgamos. Cuando un cristiano comulga es ese "ya pero todavía no", dice: "Señor te tengo conmigo, eres el que contiene en si todo deleite", y al mismo tiempo también decimos: "Señor espero gozar plenamente de ti en el cielo".  En esta vida no tengo la capacidad de gozar plenamente de ti.

La presunción es muy frecuente en esta cultura del "vivir superficialmente", sin cuestionarse nada: " Yo ya soy feliz con lo que tengo". O la opción que hacemos de no "preguntarse por nada". Esa actitud del "pasotismo", que no se toma ninguna pregunta en serio, no hay expectativas y vive a ras de tierra.
En el fondo es la actitud del avestruz: si no veo el problema,  o no lo quiero ver, tampoco el "problema me ve a mí".
Instalados en el "consume y calla", no te  hagas preguntas. No espero nada más de la vida: soy feliz.
En el fondo es ser "falsamente feliz". Se pretende vivir una "plenitud" que es una "vaciedad". Rascas un poco en ese "vivir  bien, o en esa calidad de vida" y descubres que no hay nada.
Acomo en el pecado de la presunción, con el "pasotismo" es el no hacerse preguntas, esta otra postura de la desesperación es la de preguntarse por el sentido de la vida, ver que no tengo respuestas, y decir: "esta vida es un asco…", y lanzarse a las "respuestas desesperadas", como puede ser la droga,

Lo curioso es que vayas por un camino de la presunción, o por el de la desesperación, al final la respuesta es casi la mima: el refugio del alcohol de las drogas o de lo que sea
La esperanza no  es ni pesimista ni ingenua. 
No es pesimista, porque sabe valorar lo que tenemos, y sabe dar gracias a Dios por muchas cosas; este es uno de los pecados que solemos tener: no damos gracias a Dios y no valoramos lo que tenemos.
Tampoco es ingenua, que es ser consciente de que todavía nos falta mucho, de que esta vida no nos puede hacer felices completamente. Que no podemos esperar de esta vida una felicidad plena. Es que la plenitud esta para el cielo.
Mateo 11, 2-6:
1          Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
2          Juan, que en la rcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:
3         « ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
4         Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis:
5          los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
6         ¡Y dichoso aquel que no halle escándalo en mí

Este  texto bíblico es muy claro sobre la virtud de la esperanza.
Juan Bautista se está preguntando sobre si Jesús es el Mesías. La respuesta de Jesús quiere decir que El mismo hace suficientes signos para que entendamos que, ya está aquí el Reino de Dios, pero al mismo tiempo son signos humildes. Jesús curo a algunos, pero la mayoría continuaron enfermos: curo a algunos ciegos, limpio a algunos leprosos, resucito a algunos; pero a la gran mayoría no.
Jesús  podía  ser  motivo  de  esndalo  para  algunos,  de  hecho  Judas  se  escandalizo,  se  sintió decepcionado de Jesucristo: "El Mesías ha venido y esto sigue igual", "Aq seguimos sufriendo y seguimos bajo el poder de los romanos, yo quiero una palestina libre".

Esta frase es muy importante: "Dichoso el que no se escandalice de mi". "Dichoso el que, en estos signos de salvación que hace Jesús, vea las arras del cielo, pero que entienda que en esta vida no vamos a ser plenamente felices.

Los Apóstoles no se escandalizaron de Jesús, pero tuvieron que ser educados por el mismo Jesús, para entender que en Jesús esta la salvación; sin embargo esa salvación se nos da ahora en las "arras", en el adelanto. Pero la plenitud de la felicidad la vamos a recibir en el cielo.

Hoy en día puede pasar lo mismo. Puede ser que algunos se sientan decepcionados: " ¿Cómo que Jesús ha traído la salvación?, ¿Cómo se explica, las desgracias, los que mueren de hambre, las enfermedades…?.... "Dichoso quien no se escandalice de mi".
Jesús hizo los suficientes signos y prodigios para que entendiésemos que " ya" estaba con nosotros el Mesías prometido; y al mismo tiempo nos hizo entender, al abrazar el camino de la cruz, que esos signos nos están  preparando para la plenitud en la vida eterna.
Dice este punto sobre la desesperación:
Por la desesperacn, el hombre deja de esperar de Dios su salvación personal, el auxilio para llegar a ella o el perdón de sus pecados  
Es como si el hombre renunciase a ser salvado  por Dios. Hay que hacer una distinción de dos niveles:
Una cosa es la desesperación en el sentido literal –que es un pecado gravísimo, incluso es un pecado contra el Espíritu Santo-. La desesperación en el sentido literal, supone que, uno, voluntariamente, está renunciando a la salvación, y renuncia al arrepentimiento. En ese sentido, dentro de la escala de los pecados, la desesperación es uno de los pecados más graves.

Pero una cosa es ese acto soberbio frente a Dios, y otra cosa muy diferente es que la mayor parte de las veces, cuando algunas personas se sienten desesperadas, no tienen ese nivel de pecado al que nos hemos referido. Es que la desesperación como acto de soberbia, dice San Isidoro, que es la "muerte del alma, es descender al infierno".
Pero la gran mayoría de las veces que se nos acercan gente desesperada, no estamos hablando de un pecado grave; en todo caso estamos hablando de un cierto grado de "abatimiento" o "pusilánime", o un cierto estado de ánimo de melancolía o pesimismo, incluso por trastornos psicológicos;  que suelen tener causas bastante involuntarias.

Son fácilmente distinguibles estas dos situaciones de desesperación. En este segundo caso que hemos comentado las personas  que tiene este tipo de desesperanza, en el fondo quieren salvarse. Por tanto no es un pecado de desesperanza soberbia de quien renuncia a la salvación que Dios le quiere dar.

Santo Tomas de Aquino, en su "suma teológica" dice que  el pecado de la lujuria suele ser uno de los pecados que acaba de llevar a la desesperanza. Uno se ve en el fango, y se va viendo esclavo de la lujuria, nos quita libertad: son hábitos adquiridos que te llevan a hacer lo que no quieres. Y de a viene la desesperación al ver las expectativas tan carnales y bajas con las que uno se encuentra. Se pierde el idealismo, se pierde la generosidad, y nos lleva a la tristeza: la psicología de la lujuria es muy triste; porque es "yo, mí, me, conmigo mi placer…". En este mundo del placer hay un vacío muy grande.
Por eso Santo Tomas afirma, que una de las causas que llevan a la desesperación es la lujuria.
Decir esto es poticamente incorrecto: que una de las causas principales de la desesperación y del vacío interior es la impureza.
Santo Tomas, añade otra causa de la desesperanza que es "la acedia", o la pereza. Dice: La acedia, abate fuertemente el espíritu y le quita las fuerzas para continuar la lucha contra los enemigos de la salvación.
Esa falta de combatividad, cuando el hombre se deja arrastrar por la pereza y pierde ese tono interior de ser luchador y peleón en el buen sentido de la palabra. Peleón conmigo mismo, no con los demás.
Pero cuando uno se deja llevar por la pereza, va perdiendo fe y confianza en sí mismo, perdiendo ideales. Aquí se vuelve al refrán: "Si no vives como piensas, acabaras pensando como vives".

Otra de las causas que alega Santo Tomas de la desesperación, es la falta de una fe viva en el amor y en la misericordia de Dios. Cuando nos falta una intimidad de amor, cuando nos falta un decir: " Señor ¡te quiero! y confió en ti". Cuando uno no tiene una relación viva con el Señor, a tiene otra puerta abierta. Tiene fe, pero es más teórica que vital: es una fe sin amor.

Por eso a los cristianos de toda la vida, que nos podemos enquistar en esa situación de una fe teórica, si no volvemos al amor primero, si no cultivamos una relación cariñosa con el Señor, si no somos como niños delante del Sor, arrodillándonos, emocionados en su presencia; puede acabar en la desesperación.
Porque ¿de qué me sirve una fe teórica si no tengo amor?: no sirve de nada.


Santo Tomas de Aquino, señala tres causas para la desesperación:
-La lujuria: los pecados de impureza
-La pereza o acedia: que nos quita la fuerza combativa de abordar metas concretas en la vida.
-La falta de un amor primero: la falta de una relación cariñosa con el Sor

Bendiciones.

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