LA PRESUNCIÓN PECADO CONTRA LA VIRTUD DE LA ESPERANZA : PRIMER MANDAMIENTO
Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades
(esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto),
o bien presume de la omnipotencia o
de
la misericordia divinas
(esperando obtener su perdón sin
conversión y la gloria sin mérito).
Las dos
tentaciones son "anticipaciones falsas":
La desesperación "anticipa el fracaso", es el adelanto del infierno, es la negación del propio
anhelo de felicidad. Es
autodestructiva:
el
hombre que tiene ese deseo de ser feliz,
y el que se desespera,
renuncia a lo que
es
más íntimo a él, que es precisamente ese
anhelo de felicidad.
La presunción "anticipa la meta" el
cielo, antes de tiempo, cuando todavía no te ha sido dado.
El Santo Cura de Arx decía: "En mi vida he tenido que luchar más contra la desesperación que
contra el orgullo".
El mismo Jesús fue tentado en Getsemaní de desesperación.
Satanás le tentó
manifestando que esa entrega de su vida por la salvación de los hombres, no va a tener el fruto: " Cuantas almas van a rechazar esa entrega de
tu vida…"
Los santos han tenido este tipo
de
tentaciones. La tentación de pensar: "tú que te crees santo, te vas a condenar…". Esa experiencia de haber conocido la santidad
de Dios, cuando se miran a sí mismos se ven
una porquería,
ahí está la
tentación
de la
desesperación.
El tema es que la
"desesperación" y el "orgullo"
se dan al mismo tiempo,
en nuestra generación. Lo curioso es que ante los demás, en público, solemos ser presuntuosos, y cuando nos quedamos a solas te desesperas: ante la soledad de tu
propia conciencia
te desesperas.
Además, hay un momento en que la desesperación se trasforma
en presunción y viceversa.
Dice Santo
Tomas
de Aquino,
que cuando alguien ve
su
falta
de
ideales
para
luchar contra
las tentaciones, cuando ve que está renunciando a los ideales a
los que aspiraba, en ese momento: si
no
es humilde para decir: "necesito conversión": la virtud de la esperanza me está llamando a la conversión;
si
no es humilde lo que hace es "sacar pecho" obstinarse,
y lo que hace es negar los ideales. Niega que
existan ideales,
que exista
la
esperanza, ni que exista nada
por lo que merezca la pena
luchar. "comamos y bebamos, total de algo moriremos"
Cuando alguien se siente débil, tiene
dos
reacciones posibles: la reacción humilde de pedir la gracia de
Dios para la conversión; o la
reacción soberbia de obstinarse y autojustificarse y negar que exista algún ideal y por tanto: pasar de
la desesperación
a la
presunción, en
una un solo paso.
Dice San Agustín, que la "presunción"
es una perversa seguridad. De ahí viene la palabra presumir: uno
presume, de lo que en el fondo no tiene: como si pudiese
sentirse seguro de
lo
que no tiene.
Una chica que presume mucho
de su belleza y de su físico; esta presumiendo de algo que pronto vendrá a menos, que saldrán arrugas… "Te estas apoyando en algo como si fuera definitivo,
que es totalmente
pasajero. "Es una perversa seguridad".
El hombre no debe caer en el error de
la falsa seguridad: " El que se sienta seguro, tenga cuidado no
caiga".
En este punto se habla de
dos
tipos de presunción:
O bien el hombre presume de
sus
capacidades (esperando
poder salvarse sin la
ayuda de lo alto),
o bien presume de la omnipotencia
o de la misericordia divinas (esperando obtener su
perdón sin conversión
y la gloria sin mérito).
-Presume de sus capacidades: Esta es la presunción pelagiana. El pelagianismo es una herejía de los
primeros siglos: Pelagio fue un monje muy riguroso del norte de África. En su doctrina
remarcaba mucho la "fuerzas
de la voluntad".
No basta con tener ideales bonitos, no basta con tener oraciones muy piadosas. Tanto insistió en que lo
importante era la fuerza de voluntad, que lo hizo en detrimento de la necesidad de la gracia para obrar
el bien.
Hoy en día, esta "presunción pelagiana", aunque la gente no conozca quien era pelagio, tiene una actualidad, en el sentido
de
una "falsa concepción de nosotros mismos". El no tener un conocimiento
realista de nuestras propias capacidades..
Esta
cultura actúa como
si
el hombre tuviera
"
plena capacidad".
Es cierto que el hombre tiene capacidades; pero el hombre esta "herido". Al fondo en la
consecuencia de la negación del pecado original. Es esa presunción de "Yo soy feliz",
pero negando y ocultando tus heridas.
La verdad es que la diferencia entre la Iglesia y esta cultura laicista es que la Iglesia conoce al "!hombre
por
dentro", y la cultura laicista conoce al hombre por fuera.
Por eso, esa concepción pelagiana: El hombre no puede alcanzar por sí
mismo la felicidad. Estamos
viendo que "Querer no es
poder".
Ya lo dijo San Pablo hace dos mil años: "hago cosas que no quiero hacer, y me veo arrastrado a ellas;
y tengo
proyectos
y deseos que no soy capaz de realizar".
El segundo tipo del pecado de presunción que
dice
este
punto es:
O bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divina (esperando
obtener
su perdón sin conversión y la
gloria sin mérito).
Este es otro tipo de presunción, el de quien dice: "Dios es bueno, por tanto no importa que yo esté
en pecado; como Dios es bueno nos perdonara a todos".
Es un invocar la
bondad de Dios para
en ella pretender
justificarnos en
todo.
Es como contraponer "misericordia a
justicia". No importa que seamos justos, no importa que no seamos santos, porque
como Dios es bueno…"
Este es otro tipo de presunción,
y de falsa Esperanzan
Este tipo
de presunción no es de tipo
pelagiano sin que es de
raíz protestante.
Dios es infinitamente misericordioso, Dios es infinitamente justo. El hombre puede estar abusando de ese
concepto de la
bondad de Dios, si ello no le lleva
a entregarse a lo conversión.
Algunos confunden el
concepto del "Dios-padre," con el
concepto del
"Dios-abuelo
"(el que me perdona todo)
Es una presunción de estar invocando la misericordia de Dios, como si la fe pudiese salvar sin las obras. Nuestra fe
católica nos dice que
nos
salvamos "por la fe y por las obras", y
las obras son expresión de
nuestra fe".
El apóstol Santiago en su carta dice:
¿De qué te sirve la fe sin
obras?. Enséñame tu fe sin obras;
y yo por las obras te probare mi fe
Por lo tanto también este es un tipo de presunción.
Hay otro tipo de
presunciones de tipo calvinista, que hablan de
la salvación como una "predestinación".
"Si uno está predestinado,
ahí
tengo puesta mi esperanza: Si vivo mi vida alegre es que
estoy predestinado a la salvación; mientras que si alguien vive su vida triste y deprimido es que ya está
presentando a la condenación.
Es cierto que Dios, en su
eterna omnisciencia y sabiduría sabe quién es
el que se va a salvar y quien a
condenar. Pero el hecho
de que Dios lo sepa, eso no te "condiciona"
en absoluto tu libertad a la hora de responder o
no, a la llamada de
Dios.
Esta palabra
de "predestinación" hace mucho daño a mucha
gente, porque
los
confunde
mucho.
Piensan que Dios estuviese jugando con nosotros. Pero Dios no juega con nosotros: Dios nos ha dado
una libertad, en
la que el
hombre tiene una capacidad
de responder a una llamada o de
rechazarla.
Es importante que mantengamos el pulso de nuestro
caminar,
el "ritmo de nuestra esperanza"; sin
pretender anticipar indebidamente la meta;
y tampoco caer en la
desesperanza de anticipar el fracaso. Tenemos que tener
la plena esperanza de que "Fiel es
Dios, para
consumar la
promesa
que ha
realizado en nosotros".
Como decía
el Santo Rafael Arnaiz:
"La mayor ciencia consiste en saber esperar" Los que se desesperan no saben esperar; los presuntuosos tampoco saben esperar.
La pregunta es "¿Cómo aprendemos a
Esperar?";
¿Cómo aprender a
coger
ese pulso del ritmo de ser
peregrino, sin
desesperarse, o pretender que ya he llegado, cuando en realidad no he llegado todavía?
La respuesta es muy clara: La oración. La oración es una escuela de Esperanza. El que Espera: ora. El que no
ora: no espera.
El que está desesperado no hay nada que hacer: la oración es inútil, por eso no reza.
El presuntuoso tampoco ora,
si piensa que ya lo tiene todo, para que le
vaya
a pedir nada a Dios.
La oración de petición es una oración de los imperfectos, además la necesitamos todos. Sería una
presunción pensar
que no tengo nada que pedir.
Es más: "tengo que mendigar la salvación
como un don de Dios inmerecido.".
Otra prueba de la Esperanza
es el "santo temor de Dios".
Como dice Santo Tomas de Aquino: "Se puede pecar por tener miedo" –Jesús
dice: " Yo he vencido al
miedo·":
"No temas, hombre de poca
fe,
¿Por qué
has tenido miedo?".
Pero hay un tipo de temor, de quien no es presuntuoso, es el que sabe que esta de camino y sabe también
que podría no llegar a la meta.
Job 41,25:
25 No hay en
la
tierra semejante a
él, que ha sido hecho intrépido.
26 Mira
a la cara a los más
altos,
es rey de todos
los hijos del orgullo.
Eclesiástico 1, 28 :"El que no tiene temor, no puede ser justificado" Proverbios 14,
16:
16 El sabio teme
el mal y de él
se aparta, el necio es presuntuoso y confiado.
Salmo 113, 11:
Esperan en el Señor, los
que le
temen.
El temor es malo en el sentido que refleja una desconfianza de Dios; mientras que el temor es bueno, en el sentido que refleja una desconfianza de en nosotros mismos:
"Todo lo espero de
Dios y todo lo temo de mi".
Es más: uno de
los
siete dones del
Espíritu Santo es el Santo Temor
de Dios. Hay dos tipos de temores: El
temor
servil
y el
temor del
hijo.
-El temor servil –que no es el temor más perfecto, pero tampoco hay que despreciarlo- es el temor a la
pena, al castigo.
-El temor del hijo, es más el temor a la culpa, el temor a la ofensa. Me duele más porque puedes castigarme
con
las penas del infierno, me "duele también por haberte ofendido"; por haber ofendido la bondad.
Uno de los signos de que no andamos bien en la virtud de la Esperanza es que hablamos poco del más allá. Predicamos
poco la doctrina católica
de "condenación,
salvación
y purgatorio".
El papa Benedicto XVI en su encíclica
"Spes Salvi",
al final de la encíclica dedica unas páginas al
tema del
cielo del
infierno y del
purgatorio.
En resumen:
La poca oración es
indicativo de que la virtud de la esperanza la tenemos floja.
El silenciamiento o el no cuestionamiento al más allá de la muerte; que no nos cuestionemos
si mi vida es conforme a los designios de Dios y a la voluntad de Dios. Esto es también un signo de que la
virtud de la Esperanza es débil.
Bendiciones

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