LA VIRTUD DE LA ESPERANZA Y EL PRIMER MANDAMIENTO


La Esperanza:
Cuando Dios se revela y llama al hombre, éste no puede responder plenamente al amor divino por sus propias fuerzas. Debe esperar que Dios le dé la capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad. La esperanza  es  aguardar  confiadamente  la  bendición  divina  y  la  bienaventurada visión  de  Dios; es también el temor de ofender el amor de Dios y de provocar su castigo.


El hombre por sus propias fuerzas no puede responder a la llamada de Dios: La llamada de Dios al amor, la llamada de Dios a la santidad, NO puede ser respondida por cuenta propia por el hombre tras el pecado original.


Este punto de partida es muy importante, hasta el punto que sin esta premisa, la virtud de la Esperanza no se entiende.: Cuando alguien que no se sabe "herido", ¿Cómo va a pedir medico?
Uno de los dramas que tiene nuestra cultura, es la falta de conciencia de la "necesidad de la gracia de Dios". Lo primero para entender la virtud de la esperanza es la afirmación cristiana de " nada sin la gracia de Dios": "Todo lo puedo en aquel que nos conforta".


Hay muchos pasajes evangélicos para afirmar esto:
-"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Igual que el sarmiento no puede dar fruto separado de la vid, tampoco vosotros podéis dar frutos separados de mi".


-El que no come mi cuerpo y bebe mi sangre no tendrá vida eterna"


La tentación es pretender ser "dioses sin Dios"; mientras que Cristo nos diviniza, injertados a Él.
Es importante que el hombre entienda que estamos sostenidos por Dios; que Dios no se ha limitado a crearnos y nos ha dejado. Esos que creen en el Dios "relojero": El relojero que crea o fabrica un reloj, lo pone en marcha y a partir de a se desentiende del reloj.
Dios  no  es  así:  Dios  es  un  padre  providente:  no  solo  nos  da  la  vida,  sino  que  nos  acompaña continuamente: ¡Señor!: que tu gracia inspire, sostenga  y  acompe  nuestras  obras.
Que todo nuestro obrar tenga a Dios como su fuente y su fin. Pobre del que pretende caminar solo.
Este punto marca radicalmente el sentido humilde de la vida: la humildad es vivir en verdad, y la verdad es que nosotros no somos nada sin la gracia de Dios.


Otra cosa importante para entender la virtud de la Esperanza es "la conciencia de la verdad de Dios".
No solamente la conciencia de que soy "mendigo de la gracia" sino también el ver: como es Dios de bueno. Lo que decía San Pablo: "Se de quien me he fiado"
Timoteo 1, 12:
12        Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo,  porque yo bien en quién tengo puesta mi fe,  y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día.

No  puedo  por  menos,  de  fiarme  de  ese  amor  bondadoso:  "Venid  a  mí  los  que  estáis  cansados  y agobiados y yo os aliviare".
Aquí se une "el hambre con las ganas de comer": se une nuestra radical necesidad de Él, con el absoluto amor hacia nosotros.

Una razón radical para la esperanza es: "EL AMOR DE DIOS DEMOSTRADO".
La mayor prueba del amor de Dios es la cruz. La cruz es el argumento irrefutable: ¡ no tenemos derecho a dudar del amor de Dios!   Si Cristo no hubiera entregado su vida en la cruz por nosotros; el hombre podría tener una cierta duda del amor de Dios. Pero en la cruz queda disipada toda duda sobre la bondad de Dios sobre nosotros. Esto fundamenta nuestra esperanza.
     Dice este también este punto:
La esperanza es aguardar confiadamente la bendición divina y la bienaventurada visión  de  Dios; es también el temor de ofender el amor de Dios y de provocar su castigo.

Habla de dos cosas:
-La esperanza es aguardar la bendición y la salvación.
-El temor de ofender   a Dios                        
 "Porque todo lo espero de su amor y todo lo temo de mi debilidad".

Para que la esperanza no caiga en "presunción" es muy importante que se conjuguen las dos cosas en la esperanza.
Cuando no hay ese "temor de Dios", la esperanza en Dios se convierte en falsa esperanza, en una falsa confianza.

El papa emérito Benedicto XVI, publico la encíclica "Spes Salvi". Donde se habla de la virtud de la esperanza, que a veces ha sido relegada al último lugar de las virtudes teologales.  Ocurre que de las virtudes que más hablamos es la fe y la caridad, pero la esperanza se habla menos.
Sin embargo es una virtud básica y de ella depende la felicidad del hombre. La felicidad del hombre está íntimamente unida a la "salud de la felicidad del hombre".
Llama la atención que en nuestro mundo occidental, donde hay tanta sobreabundancia, es muy rico en medios y técnicas, y sin embargo es muy pobre en los fines, en nuestras esperanzas. No sabemos muy bien para que tenemos tantas cosas, hasta el punto que unas de  las enfermedades más comunes en nuestra sociedad es la depresión; que es la dolencia psíquica del hombre –que tendrá muchas causas-, pero también una de las causas es  l desesperanza  de  nuestra cultura.

El papa en esta encíclica hace una distinción que es básica. El Papa remarca el aspecto "teologal de la esperanza": no conviene confundir esperanza con "esperanzas". Hay muchas personas que tienen "esperanzas", pero no tienen "Esperanza". Muchas metas parciales en la vida: ganar dinero, ascender en la profesión, más calidad de vida, ir de vacaciones, comprarse un coche…: muchas esperanzas, pero no hay Esperanza.
Curiosamente son esas esperanzas las que usamos como escudo para tapar la falta de Esperanza. Esto es lo que viene a decir el papa.

Hay una famosa frase del cómico Gruocho Marx: "vamos de victoria en victoria hasta la derrota más absoluta". Tantas metas parciales conseguidas y al final las manos vacías no hay Esperanza.
El hombre  que no  piensa en el sentido último de la existencia,  es  como  el empresario  que no le preocupa el balance de su negocio. Si no se tiene en cuenta el final del "negocio", no merece la pena meterse en él.

El problema es que el Marxismo acuso a la religión y especialmente al cristianismo de ser el " opio del pueblo"; acuso de que esa esperanza en el más allá, era una especie de manipulación a los pobres y a los débiles, de tal manera que "pospusiesen su deseo de justicia, "sus esperanzas", renunciasen a ellas por la Esperanza en la otra vida".
Sin  embargo,  ya  han  pasado  muchos  años,  desde  que  el  marxismo  formulo  aquella  ideología,  y entretanto hemos sido testigos de muchas cosas.
-Como el catolicismo en Polonia, por ejemplo- apoyándose en la esperanza del más allá fue capaz de realizar sus esperanzas de un mundo más justo. La verdad es que la Esperanza era un acicate.
A vemos que la Esperanza teologal no está divorciada de las esperanzas de este mundo. Es más, lEsperanza teologal transforma al mundo. Hay una famosa frase que dice:
El presente carece de futuro, si el futuro no trasforma el presente.
Las esperanzas, en esta vida, carecen de Esperanza final, si la Esperanza final no nos fundamenta las esperanzas en esta vida. "A mayor Esperanza en la vida eterna, uno tiene más capacidad de llevar a cabo tantas trasformaciones en esta vidaLa mayor prueba: LOS SANTOS.
Es imposible sin una esperanza definitiva, superar nuestros egoísmos

Esperar es algo inherente en el ser humano, es imposible vivir sin esperanza; pero el gran reto está en integrar "esperanzas y Esperanza".
No tendría sentido una Esperanza teologal que nse tradujera en esperanzas concretas. Pero también es verdad, en el mundo actual, corre el riesgo de "devaluar las esperanzas de esta vida, si no están abiertas a una "Esperanza", a la trascendencia.

En realidad, el corazón humano es limitado pero tiene un ansia ilimitada: "somos un poco de barro pero con deseo de felicidad plena".  Esta es la contradicción que tenemos.
Ese desajuste, en el fondo, es un signo de que hemos sido creados por Dios, así. Llevamos inscritos en nuestro ser un deseo de plenitud, que Dios lo va a colmar en su promesa.

Lo importante es que el hombre se dé cuenta de que su fe en Dios, su amor en Dios, también tiene que  traducir  en  una  gran  "Esperanza  Teologal",  sin  engañase  a  si  mismo  agarrándose  a  ciertas esperanzas, como si eso colmase  su deseo. Nosotros nos agarramos a la Esperanza teologal que colma y planifica todas las esperanzas de esta vida.

Sabemos que solamente en Dios podemos alcanzar nuestra felicidad, sabemos que Él nos va a dar la capacidad de poder alcanzarla. Tenemos la Esperanza de que El, no solo nos pone el ideal, sino que nos pone los "medios" para poder llegar a ese ideal
Estos son los medios sacramentales, los medios sobrenaturales y naturales.
Tal y como dice este punto:
Debe esperar que Dios le dé la capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad.


Es  que  somos  infinitos  deseando,  y  tan  limitaditos  en  nuestras  capacidades.  ¿Cómo  solventar  este problema…?
Esta desproporción, es la gracia de Cristo la que da este salto infinito. El mismo, en su encarnación, con su redención ha dado ese salto, y por tanto tenemos nuestra esperanza en Cristo.
En Cristo recibimos la gracia para poder dar plenitud a ese deseo que tenemos de ser colmados del amor de Cristo.
En Cristo no solo se nos da un ideal; se nos da la capacidad de responder a una llamada, sosteniendo nuestro obrar, acompañándonos. En Cristo se ven colmadas nuestra Esperanza.


Bendiciones

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