LA FE II - AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS PARTE IV
El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia
nuestra fe
y que rechacemos todo lo que se opone a ella. Hay diversas
maneras de pecar contra la fe:
La fe no es un mero aceptar una serie de verdades teóricas. La fe no es adherirse a una ideología
o a unas verdades teóricas.
La fe es una adhesión a una persona: a la
persona
de Jesucristo. Adherirse a la revelación del amor de
Dios, que Dios se muestra
al hombre. Es abrirse a la amistad de Dios.
Dios descubre
su amistad y eso exige una respuesta
nuestra que supone confiar en Él.
La fe es un don de Dios, pero para mantenerla hay que cultivarla.
La fe es una amistad que se cultiva, y si no es así y se descuida y entonces va
decreciendo.
La fe
es como andar en bici:
quieto no puedes quedarte: o vas para adelante
o para atrás. Dice
este
punto:
Que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone
a ella.
San Pablo dice: "No pueden ser niños en la fe", refiriéndose
a la humildad. San Pablo está diciendo que
hay
que crecer en la fe.
Es uno de los grandes dramas y muchas personas se quedan con la fe de la primera comunión, y se les queda pequeña enseguida; y luego dicen" es que a mí no me sirve esa fe".
Naturalmente que no sirve. Yeso que la Iglesia cuando te explicó la fe cuando eras pequeño
te la explico "íntegramente",
pero con las
imágenes o la
pedagogía que necesita un niño de 7 u 8 años. Pero lo lógico es que ese niño, conforme va creciendo a la adolescencia o juventud, se le esplique la misma fe que recibió pero acomodada a su edad.
La prueba de la
importancia de la fe es lo que ha ocurrido en Europa, pero precisamente por no haber procurado una formación continuada de nuestra fe, por haber vivido de la "fe de la primera comunión", en el momento que han venido "vientos de secularización" y la cultura laicista ha bombardeado nuestra fe
que era endeble; eso explica
el alejamiento de masas de
la
fe de la Iglesia.
De tal manera que existe la necesidad de una educación continuada
y desterrar estas actitudes: "¿Cuanto tiempo dura la preparación para la primera comunión?": a ver quién me oferta
un "curso más corto".
Lo importante aquí es que tendríamos que asumir nosotros los cristianos que toda nuestra vida es una formación de nuestra fe. Esto vale
para los obispos, sacerdotes,
diáconos, religiosos y religiosas por ello hoy en día se está dando, cada vez más importancia a la formación permanente
de los sacerdotes, de los Obispos.
La palabra de Dios en 1 de Pedro 3,15 nos dice:
13 Y ¿quién os hará mal si os
afanáis por el bien?
14 Mas, aunque
sufrierais a causa de la justicia, dichosos de vosotros. No les tengáis
ningún miedo ni os turbéis.
15 Al contrario, dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar
respuesta a todo
el que os pida razón
de vuestra esperanza.
16 Pero hacedlo con dulzura y respeto. Mantened una buena conciencia, para que aquello
mismo que os echen
en
cara, sirva
de confusión
a
quienes critiquen
vuestra buena conducta en Cristo.
La Palabra de Dios nos está hablando de
nuestro tiempo: "la
palabra de
Dios es totalmente actual"
"siempre dispuestos a dar respuesta a todo
el
que
nos pida razón de vuestra esperanza."
Pero para dar razón de nuestra esperanza
es importante estar formados en la fe. Este es uno
de los dramas de tantos cristianos que no "saben" dar razón de su fe. Por eso precisamente es tan importante
la
formación
continuada.
Ciertamente, no todo el mundo tiene
que
ser
teólogo, pero
cada
uno
en
su
medida
y
desde
su
experiencia tenemos que
dar razones
de nuestra fe. Con palabras o con la propia
experiencia.
Curiosamente dice: "hacedlo con dulzura". Sin acritud, amando a este mundo a quien le cuesta tanto
creer,
pero al mismo tiempo
hay
que hacerlo con "fidelidad y
con firmeza"; que son
dos conceptos que no están reñidos.
Es verdad que hay muchos fieles
cuando están en un entorno donde son cuestionados, y
que se le piden unas "razones de su fe" que él no es capaz de dar, se recurre a ese dicho que dice: "
doctores tiene la Iglesia". Ante esto,
todos
tenemos el deber de dar testimonio de nuestra
fe.
Pero añade:
Guardarla con prudencia y vigilancia, quiere decir que uno tiene que ser consciente de que
ser creyente y estar adherido al Señor, es no
ponerse en situaciones
de
peligro, y
luego pretender con mucha ingenuidad que
no le
va
pasar nada o no le van a hacer daño.
Por ejemplo si pretendes vivir la castidad y la pureza, no te va ayudar mucho si te metes en un prostíbulo.
Eso también lo podemos aplicar al tema de la fe, porque un cristiano, sería muy ingenuo, pretender
guardar la fe, si está metido en
determinados ambientes o culturas totalmente contrarios a la fe; o
leyendo de una forma indiscriminadas determinadas lecturas, donde no se distingue lo que es recto o
conforme
a su fe o lo que es contrario a ella.
Esto recuerda a la parábola del sembrador: cuando parte de la semilla cayo entre zarzas; crecía la
semilla pero
también
las
zarzas que
terminaron por
ahogar la semilla."
Al final es la zarza
la que prevalece sobre la semilla. Es lo que ocurre en aquel que pretende ser cristiano pero convive con lo que es contrario a la
fe
cristiana. Por ejemplo- a nivel político – existen teorías políticas que son contrarias a la moral fundamental de la
Iglesia, y se sin
embargo se van introduciendo
en la vida política y no somos capaces de cuestionarnos para
saber si es conforme o
no a la fe
que decimos profesar.
Suele ocurrí que quien así actúa, suele tener una cierta antipatía a la tradición de la Iglesia; parece que
todo lo que es tradicional está superado.
Dando una opinión personal –para quien le ayude- no
es lo
mismo "ser tradicional que
ser
conservador".
La tradición la entendemos como que " nuestra fe, el Espíritu Santo ha actuado en toda la historia de la Iglesia".
Por eso creemos
en la tradición. Sería
ingenuo pensar que en esta generación empieza todo.
Tantos santos, tanta
reflexión teológica, y en
la
vida de la Iglesia
el Espíritu ha actuado en ella.
Otra cosa distinta
es el "ser conservador", tiene
un matiz,
conservar lo que me resulta más conveniente familiar
o políticamente. A veces, los conservadores son más "conservaduros"
"conservadineros".
Por eso digo que los cristianos no somos conservadores, sino que somos más amantes de la tradición, que no es lo mismo.
A nosotros si nos
importa
lo que
dijo
San Irineo
o
San Agustín o Santo Tomas,
porque
pertenece a la"tradición"
de la Iglesia.
A esto se refiere cuando dice que el primer mandamiento nos pide que " guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe". Es que el demonio, las tentaciones del demonio, no se limitan, como muchas
veces pensamos, a "tentar la voluntad",
en la debilidad de la
carne –por ejemplo-, por la pereza. Las tentaciones del demonio
también van a
la razón (y
principalmente diría, incluso). El demonio va a confundir la
verdad con
la mentira,
el mal con el bien.
Por eso es necesario preservar nuestra fe
de errores y no mezclar fe
de ideologías; no poner al
mismo nivel las teorías con el
magisterio de
la
Iglesia.
Dice este punto:
Que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que
rechacemos
todo lo
que se opone a ella.
El primero:
"creer íntegramente"; Algunos se quedan en el
primero y otros no llegan
ni al primero, porque "creen a la carta".
Es absurdo que alguien se acerque a la
fe
creyendo en parte: la
revelación de Dios
solamente se puede aceptar integra; sino
es así lo único que esas aceptando es tu propia ideología. (Por
ejemplo: aquel que decía "como decía
Jesucristo y en parte tenía
razón…
¿Cómo que en parte tenía razón?)
El segundo confesarla y testimoniarla íntegramente ante los demás, ocurre que algunos se dejan "llevar" por lo que es "políticamente correcto"; mientras que en
los otros temas que son más complicados simplemente
nos callamos. Si una verdad es silenciada de una manera sistemática y prolongadamente, al final se termina por no creer en ella. Por ejemplo, si
yo
creo íntegramente en la existencia del demonio, pero ante mis
hijos
o ante
mis amigos nunca he hablado del
demonio, a base
de callarme estoy
dejando de creer
en esa verdad de
fe.
El tercero: rebatir los errores: Hay que rechazar lo que se opone a la fe. La confesión de la fe no es
integra hasta que no se
llega
a rechazar los errores. Cada uno tendrá
que hacerlo a su nivel: El
obispo
tienen un grado de responsabilidad importante en custodiar el depósito de la fe y tendrá que rechazar y
rebatir los errores: frente a un teólogo que se desvía de la fe, o ante un sacerdote que
no predica
correctamente.
También los demás tenemos una responsabilidad en la defensa de la fe frente a los errores, y no pensar
que eso es cosa del papa
o del obispo.
No se
puede creer o predicar una
fe, al mismo tiempo que no explicitemos lo que
es contrario a
esa fe.
En la confesión
bautismal se
le pide
"no solo que se adhiera", sino que
también se
hagan las "renuncias".
BENDICIONES.
EN CRISTO JESÚS, MARÍA Y JOSE.
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