AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS PARTE III - LA FE


EL PRIMER MANDAMIENTO - III - LA FE


Punto 2087:
Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor. San Pablo habla de la obediencia de la fe (Rm 1, 5; 16, 26) como de la primera obligacn. Hace ver en el desconocimiento de Dios” el principio y la explicación de todas las desviaciones morales (cf Rm 1, 18-32). Nuestro deber para con Dios es creer en Él y dar testimonio de Él.

Empieza afirmando este punto que "nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor".  La fe en Dios que nos ama , es  el  motor,  es  la  razón  de  mo  nos  comportamos y  por  qué  actuamos  de  una  forma determinada.

La fe nos habla de la vida presente, a la luz de nuestra vocación trascendente. La fe se abre a la luz de la revelación, descubriendo un sentido que la razón no llega a alcanzar por si sola.

Cristo es el "interprete" que nos da el sentido de la realidad que nuestros sentidos captan, que nuestra razón capta, pero no nos dice el "sentido que tiene nuestra vida".
La fe nos descubre lo que Dios  ha pensado en nosotros para realizar un proyecto de amor; por tanto la vida moral no es algo distinto de la vida de fe, es más está totalmente unido. Es un drama grande cuando se separa "fe y moral".
Hoy en día sectas como la "nueva era “quieren separar fe de moral. Entienden la religiosidad como una especie de cauce  de esas tendencias a la trascendencia que tiene el hombre, un "saciar el deseo de transcendencia" y de espiritualidad; pero sin que eso tenga un compromiso moral en esta vida. Eso es propio de esta cultura que pretende separar ideales de lo que es la vida concreta.

Nosotros creemos que la fe es la fuente de la vida moral: aquello en lo que creemos es lo que da sentido a nuestra manera de actuar.
Por ello San Pablo nos habla de la "obediencia de la fe". Esa es la manera de comportarnos en esta vida. Muchas cosas las hacemos porque obedecemos a Dios.
Por ejemplo: reprimir nuestros impulsos de odio y de rencor, esa es la obediencia de la fe, no te dejes llevar por la cólera.
Es frecuente en la sagrada escritura, sobre todo en San Pablo, la expresión: "obediencia de la fe".
Por la obediencia a la fe, uno lleva adelante determinados comportamientos, no dejándose arrastrar por determinados impulsos.

Es que en esta cultura " sin Dios", parece que está mal visto que alguien actué "reprimiéndose"  (no seas un reprimido), y déjate llevar por tu espontaneidad, por lo que te apetece.
La realidad es que eso me lleva al egoísmo más absoluto, porque todos tenemos un pecado original y la tendencia espontanea que surge en nosotros es "primero yo, segundo yo, tercero yo", mi comodidad, mi placer.
Por  tanto,  nuestro  criterio  de  actuación,  no  es  "mi  espontaneidad",  ni  lo  que  me  apetece,  es la obediencia  a la  fe;  y mi felicidad no es hacer lo "que a mi apetece", sino el descubrir la voluntad de Dios en mi vida. "No es lo mismo lo  que  yo  quiero,  que  lo  que  a mí  me  apetece".
Yo quiero descubrir la voluntad de Dios, yo quiero descubrir la vocación que Dios tiene para mí y no  lo que "me apetece", lo que brota de nosotros espontáneamente que es la ley del mínimo esfuerzo y la ley del egoísmo.

El cristiano esta movido por la fe: "El justo vivirá por la fe" dice la sagrada escritura.
¿Qué quiero yo?: "Yo quiero lo que Dios quiera"; luego me costara abrazar  la cruz que supone que tendré que mortificarme interiormente, pero parto de esto: "Quiero lo que Dios quiera".

San Pablo respecto a la fe nos dice en: Romanos 1, 18-32:
17       Porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: El justo
vivi por la fe.
18        En efecto, la lera de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia;
19       pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó.
20        Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad,  de forma que son inexcusables;
21        porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron  en sus razonamientos y su insensato corazón  se entenebreció:
22       jactándose de sabios se volvieron estúpidos,
23        y  cambiaron la gloria  del Dios incorruptible  por una representación  en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles.
24        Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos;

Les está acusando de haber renegado del Dios verdadero, y caer en un montón de desórdenes morales.

25        a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
26        Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza;
Esta expresión de "los entrego Dios a sus pasiones", es como decir: "me rechazas, entonces tú mismo te quedaras con tus solas fuerzas.

27        igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros,   cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.
28        Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entregó Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene:
29        llenos  de  toda  injusticia,  perversidad,  codicia,  maldad,  henchidos  de  envidia,  de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos,
30        detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres,
31       insensatos, desleales, desamorados, despiadados,
32        los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen.


El que rechaza a Dios como el ser que "ilumina la vocación de nuestra vida", está condenado un desorden moral tremendo.
Es que cuando se apaga la luz de la fe, cuando impedimos que sea Dios el que ilumine el sentido moral de nuestra existencia, el hombre se convierte en un insensato, y cae en todo tipo de aberraciones.
Lo peor no es caer en la debilidad y en la tentación, sino que es llamar al "mal" "bien". Pretender equiparar el mal al bien. Llegar a oscurecer la razón para no distinguir la verdad de la mentira.

Cuando no permitimos  que sea la luz de la fe la que oriente nuestra vida, que es lo que vemos en la cultura actual, es ahí cuando se pierde el sentido común.
Esta es la primera afirmación de este punto: Nuestra vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor.

El hombre puede pecar por no tener fe. Y las preguntas que surgen inmediatamente son:
¿Se puede tener responsabilidades en el tener o no tener fe?
¿No hemos dicho que la fe es un regalo de Dios?, entonces:
¿Por qué la culpa para el que no tiene fe?
Los católicos afirmamos que la fe es un don de Dios y es una virtud sobrenatural infundida por Dios. Así lo dice el catecismo en el punto 153.
Pero algunos, concluyen, de forma incorrecta respecto a esta afirmación y señalan que el tener o no tener fe, es una"decisión arbitraria de Dios": "a uno se la da y a otros no".
Esto no es así. Nosotros colaboramos  en ese don de Dios, de hecho tenemos que pedir la fe a Dios coinsistencia y abrirnos a esa fe y disponernos adecuadamente para recibirla. Por tanto que podemos tener una culpabilidad en no tener la fe.

En otras palabras: La fe es meritoria:   si es "meritoria", entonces también habrá una culpabilidad "no tenerla". La fe supone un proceso interior donde el creyente "rinde " su mente y su voluntad a la verdad suprema. De hecho, el obstáculo principal para la fe, no suele provenir  tanto de las dudas de la razón, sino que suele provenir del orgullo y de la soberbia, que son los principales enemigos de la fe; y hasta que no se someten, difícilmente, el hombre, se abre al don de la fe.
El cardenal Newman decía:
"La fe es lo suficientemente oscura para que sea meritoria; y lo suficientemente razonable para que no sea arbitraria".

Las dificultades para llegar a la fe, son importantes, por tanto es meritorio creer. Y también tenemos nuestra culpabilidad cuando rechazamos la fe.

En la sagrada escritura hay tres tipos de afirmaciones en este sentido:
*Seremos juzgados por mo hemos amado: "tuve hambre y me diste de comer…"
*Seremos juzgados  de mo hemos utilizados nuestros talentos: "Diez talentos  me diste, aquí hay otros diez…. un talento me diste aq está el talento que me diste "sabias que era exigente, tenías que haber puesto mi talento en el banco… no has sido fiel en lo poco.."
*Seremos juzgados por la fe: "el que crea se salvara, el que no crea secondenado".


Tomemos la sagrada escritura en su integridad y a descubriremos claramente que también la fe, o el rechazo de la fe, forma parte, también de nuestro comportamiento moral. La fe ilumina nuestro comportamiento moral; pero el "tener o no tener fe", también forma parte  de la exigencia moral del hombre.

Esta obligación moral de la fe es porque "Dios se ha revelado" en un acto de amor hacia el hombre. Si nosotros no creemos, no tenemos fe, estamos despreciando esa revelación de Dios.

Si Dios se ha revelado, si Dios nos ha hablado, uno no puede actuar como si tuviese unos "tapones en los oídos". Es una desconsideración, por nuestra parte, el no adherirnos a eso que Dios ha dicho.
"El que crea se salvara y el quno crea ya está condenado". Esto es serio
No se puede cumpliel primer mandamiento sin estar plenamente adherido al acto de la fe. Termina este punto diciendo:
Nuestro deber para con Dios es creer en Él y dar testimonio de ÉL

Mateo 10, 32:
32        «Por todo aquel que se declare por ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos;
33        pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
Es una responsabilidad muy grande en lo que hacemos ante el prójimo. Es que dar testimonio se 

desprende, en primer lugar, del amor a Dios.
Cuando alguien ama algo con todo su corazón, quiere que también, que esa persona amada sea amada por los demás. Si eso no es a es que el amor será enfermizo: Si quieres mucho a tu madre, lo lógico es que te duela que otros la desprecien.
En el "Padrenuestro" decimos: "santificado sea tu nombre": "Que Dios sea amado, que Dios sea conocido". De aquí se desprende el apostolado, el testimonio.

Dios es bueno para todo el mundo, es tan Dios tuyo como para el que tienes cerca. "Todo el mundo necesita de Dios".
"¡Dios es necesario para todo el mundo!". Dios es el creador de todos.
El que Dios sea conocido y sea amado, es un deseo del creyente; y de a se desprende que el 
amor es "difusivo".
De la abundancia del corazon habla la boca:: "dime de que hablas y te di lo que es importante para ti". Es imposible que alguien tenga un ideal supremo y no lo exprese.
 Pero lo que ocurre es que nadie habla de lo que lleva en el corazón: hay mucha conversación intrascendente.
Etestimonio de nuestra fes un índice muy claro de cuanto amamos a Dios.
Además también es un índice  de  nuestro   amor   al   prójimo: Si amo al quien está al lado de mi le deseo lo mejor para el: El bien supremo es Dios; y por tanto le daré testimonio de la fe.
Si no somos capaces de compartir nuestra fe con los que queremos , algo falla: "no les queremos bien". San Agustín, en su libro de las "confesiones", habla de la verdadera amistad y de la falsa amistad.
Y tercero:  por coherencia personal. Es lo que dice el refrán: "Que si no vives como piensas, acabaras pensando como vives". Si en tu entono no expresas lo que llevas en tu corazón, va a llegar un momento en que ya no sabes si lo lleva o no.
El vencer los respetos humanos, las resistencias de la propia imagen nos hace crecer y madurar mucho. Hace que no tengamos miedo a "como soy percibido" o como soy juzgado; eso sí que es ser "yo mismo". Ser sencillo para manifestarse nos hace crecer en madurez interior. En caso contrario tenemos el riesgo de ser, en nuestra vida, lo que los demás esperan que seamos.
Además es que "se crece dando", cuando alguien comunica la fe crece al comunicarla. Es un error el pensar que eso del testimonio de la fe, es algo para los que son "profesionales" (para los curas o para lamonjas). Es algo para todos los cristianos, todos tienen esa llamada a ser testigos de su fe   por el bautismo y la confirmación..
Alguno puede decir: "Es que yo no me siento digno, no me siento preparado". Jesús dice: "…y no te preocupes de lo que has de decir, el Espíritu Santo pondrá en tus labios las palabras adecuadas".
Si tenemos que hacer el ridículo por no sabernos expresar… ¡bendito ridículo! Ojala el día de mañana nos podamos presentar ante Dios habiendo hechos "muchos ridículos por amor a su nombre".

Incluso algunos se puede ver con muchas incoherencias internas, con muchos pecados. Y se preguntaran  ¿Cómo voy a ir dando lecciones a nadie, cuando yo mismo soy el primero que no cumplo?
No podemos olvidar que cuando predicas ante alguien, también estas predicandote a ti mismo. Yo mismo, al mismo tiempo que estoy predicando me doy cuenta que soy yo  el primer receptor de lo que estoy predicando. Porque yo no me predico a mí mismo, ni me pongo a mí mismo como ejemplo: predico a Cristo.

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