AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS PARTE II
EL PRIMER MANDAMIENTO - Parte II -
El Dios único
y verdadero revela ante todo su
gloria a Israel (cf Ex 19, 16-25;
24, 15-18). La revelación
de la vocación y de la
verdad
del hombre está
ligada a la
revelación de Dios. El hombre tiene la vocación
de hacer manifiesto
a Dios mediante sus obras
humanas, en conformidad con
su condición
de
criatura hecha
“a imagen y semejanza
de Dios” (Gn 1, 26):
Al revelarse Dios, se descubre también que es lo que quiere Dios de nosotros. En otras palabras:
la voluntad de Dios
para con nosotros se manifiesta, como consecuencia de decirnos quien es: al conocer
a Dios conocemos lo que,
Él
quiere de
nosotros.
Éxodo 24, 15-18:
12 Dijo Yahveh a Moisés: «Sube hasta mí, al monte; quédate allí, y te daré las tablas de
piedra - la ley y los
mandamientos - que tengo escritos para su instrucción.»
14 Dijo a los ancianos: «Esperadnos aquí que volvamos a vosotros. Ahí quedan con vosotros Aarón y Jur. El que
tenga alguna cuestión que
recurra a ellos.»
15 Y subió Moisés al monte. La nube cubrió el monte
16 La gloria de Yahveh descansó sobre el monte Sinai y la nube lo cubrió por seis días. Al séptimo día llamo Yahveh a Moisés de en medio de la nube.
17 La gloria de Yahveh aparecía a la vista de los hijos de Israel como fuego devorador
sobre la cumbre
del monte.
18 Moisés entró dentro de la nube y subió al monte. Y permaneció Moisés en el monte
cuarenta días y cuarenta
noches.
Lo que se está enfatizando es que la gloria de Dios se ha manifestado a través de Moisés al pueblo de Israel
y a
través de Israel a todos
los
hijos.
La única "gloria" auténtica del hombre es la de "gloriarse en Dios", esa sí que no es vanagloria.
Al
decir:
¡Qué grande
es Dios!, el hombre está fundamentando su
dignidad.
Uno de los grandes dramas del hombre es cuando su autoestima se
fundamenta en la "vanagloria";
cuando nuestra autoestima
depende de la adulación o del desprecio de otros. Es como
un globo tan pronto está arriba
como abajo.
La "vanagloria " es
fuente de muchos sufrimientos, es
no saber quererse a sí mismo, que nuestra
autoestima
no está bien fundada; mientras que la auténtica felicidad del hombre está en gloriarse en Dios. Ese
es el bien y el fin del hombre.
Dice este punto:
La revelación de la vocación y de la verdad del hombre está ligada a la revelación de Dios.
El hombre tiene la
vocación de hacer manifiesto a Dios mediante sus obras humanas, en conformidad de
su condición de creatura
"hecha a imagen de
Dios".
Que solamente nos
conoceremos
a nosotros mismos, cuando conozcamos a Dios.
Es lo que decimos: "A una persona no se le conoce bien hasta que no has conocido a su familia".
Poder ver de dónde vienen tantas reacciones o gestos característicos que
vienen de familia. Si esto decimos de una persona, con respecto a
sus padres; cuanto más podemos decir de una creatura en cuanto a
su creador.
Somos un misterio que no hay quien nos entienda,
ni yo mismo me entiendo;
somos un misterio hasta
que no comprendamos el designio
de Dios en
nuestra vida,
para que nos ha creado Dios,
con
que vocación.
Al final, el misterio del hombre, Dios lo revela en Cristo
Llama la atención que en toda la historia del pensamiento y de la filosofía. Que discusiones se montan para responder a
esas preguntas:
"¿Qué sentido tiene el hombre, su existencia?".
La filosofía es muy importante, pero no puede dar respuestas, sin la comprensión que nos da "Dios
del hombre". Es que no se
puede comprender
al hijo sin el
padre.
Avancemos un poco mas:
Que
quien ve al hijo ve al "padre en el hijo". Eso es dar
gloria a Dios. Darle la gloria a Dios es que
quien nos conozca esté más cerca de Dios.
Se suele decir que los cristianos
estamos llamados a ser "Luz del mundo"; pero no es lo mismo "ser luz
que
lucirse".
La luz tiene la característica de que gracias a ella las cosas se ven, pero la luz no es mirada en sí misma.
De hecho no te das cuenta de que hay luz hasta que
se apaga la luz y dejas de ver las cosas.
Nosotros estamos llamados a ser luz del mundo, no vamos a que la gente mire el
“foco” o la "bombilla"; lo que pretendemos es que la
gente vea las cosas
a la
luz del foco o la bombilla.
Lo mismo que con la "sal",
que tiene que ser utilizada para dar sabor a las cosas, pero no para "tapar el
sabor de
las cosas. Si
la
sal se hecha de un grado desproporcionado solo sabe a sal.
El hecho de
que Jesús use estos dos ejemplos de sal y luz, Jesús está diciendo que somos
signos; pero
un signo tiene que ser discreto y humilde. Si el signo atrae hacia si la atención más que lo que representa, entonces
deja de ser signo, pasara a ser
otra
cosa.
A esto se refiere este punto cuando dice que: hacer manifiesto a Dios mediante sus
obras humanas
Esa petición: "Señor, que por mis pecados nadie se aparte de ti; y Señor, que por mis obras, alguno se acerque a ti, te den
gloria
y te
conozcan".
El pueblo de Israel ha sido entendido como un vehículo, un instrumento de Dios, para que su revelación llegue
a todos
los
pueblos.
A este respecto se refiere esta cita de San Justino, en un dialogo con Trifon, que era un judío con el que polemizaba, en una especie de debate entre el
cristianismo y el
judaísmo; y dice así:
«No habrá jamás
otro
Dios, Trifón, y no ha
habido otro desde
los siglos [...]
sino el que ha
hecho y
ordenado el universo. Nosotros no pensamos que nuestro Dios es distinto
del vuestro.
Es el mismo que sacó a vuestros padres
de Egipto “con su mano poderosa y su
brazo extendido”. Nosotros
no ponemos nuestras esperanzas en otro, (que no existe), sino en
el mismo que vosotros: el Dios de Abraham,
de Isaac
y de Jacob» (San
Justino, Dialogus cum Tryphone Iudaeo,11, 1).
Diciendo que esa "revelación que Yahveh realizo"
con Israel, en esa
misma
creemos nosotros.
Jesucristo no vino a fundar
una religión distinta de la de Israel;
El
vino a "dar cumplimiento y plenitud a lo que
Israel estaba esperando".
En este
dialogo de San
Justino, no es
el cristianismo quien se desgajo de la revelación, en
todo caso fue
el judaísmo el que se
desgajo al no reconocer en Jesucristo al
Mesías que estaban esperando.
El judaísmo y el cristianismo
es como el rio que desemboca en el mar. No es que este anulando el rio, lo natural
es que el rio desemboque
en el mar; lo natural es que el judaísmo que
era el
instrumento elegido
por Dios para dar a conocer a Jesucristo; y que Cristo fuese
el "deseado de las naciones".
El Dios que nos revela Jesucristo es el mismo Dios que se revelo a Moisés en el monte Sinaí.
Por eso, esos diez mandamientos que Yahveh entrego a Moisés, son los mismos mismos mandamientos que Jesús le recuerda al joven rico
Punto 2086:
«El primero de los preceptos abarca la fe, la esperanza y la caridad. En efecto, quien dice Dios, dice un ser constante, inmutable, siempre el mismo,
fiel, perfectamente
justo. De ahí se sigue que nosotros debemos necesariamente
aceptar sus Palabras y tener en Él una fe y una confianza completas. Él es
todopoderoso, clemente, infinitamente inclinado a hacer el bien. ¿Quién podría no poner en él todas sus esperanzas? ¿Y quién podrá no
amarlo contemplando
todos
los tesoros de bondad y de ternura que ha derramado en
nosotros? De ahí esa fórmula que Dios emplea en la Sagrada Escritura tanto al comienzo
como al
final de sus preceptos: “Yo soy el Señor”» (Catecismo Romano, 3, 2,
4).
Del mismo modo que en el Génesis,
en la creación, a cada
dia
dice: "Y vio Dios
que era bueno"; también
en cada enunciado de
cada mandamiento al final dice: "Yo soy
el Señor".
Esto lo dice así, porque el "obrar humano" se sigue como consecuencia del "ser de Dios: Primero es el ser de Dios y
después es el obrar del hombre. Cada uno
obra
conforme al "ser de
su vida":
nosotros estamos
creados a imagen y
semejanza de Dios.
Ese "Yo soy el Señor" ese "ser Dios lo quiere compartir contigo": tu "ser" es participación de la bondad
de Dios, participación
de
su ternura, de su compasión: obrando esos mandamientos será manifestación de la bondad de
Dios:
"Yo soy el Señor".
Tomando en consideración todo esto se desprende que, al hombre, en el primer mandamiento
se le pida fe, esperanza y
caridad.
Dios es inmutable. No es
como nosotros, que somos como una veleta. Él
es eterno, Dios no se
muda.
Es un gran
error
de nuestra cultura
contemporánea, el juzgar el cambio continuo como perfección:
"Si no es la última moda,
parece que no
está bien".
Dios es el mismo ayer, hoy y siempre. El tiempo no
es una limitación para Dios. Es más, el tiempo
es
una creación de Dios, para el hombre, para que madure, para que crezca, la
creación del tiempo
es
un signo
de la paciencia de Dios, que confía en que el hombre madure.
En esta vida
también nosotros estamos llamados a
participar de la eternidad de Dios; es decir: a
no ser
cambiantes, a no
ser inmaduros.
Romanos 12,2: Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de
vuestra mente, de forma
que podáis distinguir cuál
es la
voluntad de Dios: lo
bueno, lo agradable, lo
perfecto
Estando firmemente
fundados
en Dios, a las verdades eternas, estamos preservados de la esclavitud de la cultura
reinante, y de la
esclavitud de lo "pasajero",
de las modas, de las ideologías cambiantes.
Por lo que dice este punto: la
fe
la esperanza y la caridad son tres virtudes que nos unen al "Dios
inmutable".
Son tres virtudes que son como un "ancla":
nos anclan
y nos
sujetan en
Dios.
Así conocemos el fin y el origen de nuestra historia; tal vez ignoremos el "como" entre el "origen y el
fin". Los caminos concretos no los controlamos.
Sé que al final el "corazón inmaculado de María
triunfara", y por tanto el hombre está firmemente afianzado y sustentado en Dios.
El examen de las tres virtudes teologales es un examen muy práctico para ver si cumplimos o no el primer mandamiento. Si
estoy firmemente afianzado en
Dios.
Todas las demás virtudes están implicadas en el resto de los mandamientos, pero las tres virtudes teologales están muy implicadas especialmente
en el primer mandamiento;
-porque
la
fe consiste en que mi razón y mi
entendimiento sea
de Dios.
-La caridad en
que en mi voluntad y mis afectos
estén
adheridos a Dios.
-La Esperanza seria la intermedia entre el entendimiento y la voluntad. San Juan de la Cruz
hablaba de
que la esperanza esta
erradicada en la memoria.
Al final, lo importante es
entender
que
el
hombre
entero esta
afianzado
en
Dios;
si Dios es todopoderoso, clemente, bondadoso; de ahí
se desprende una
acción o actuación del hombre, que no puede estar a
merced de todo viento y doctrina.
Se cumple ese refrán latino:
"Opera
sicuetur ese" –el
obrar sigue al
ser-.
Las virtudes teologales
lo
que hacen es conectar
lo
que es el gran ideal
con
mi vida real.
¿Cuáles son mis esperanzas?, ¿Qué
amo
en mi vida?; ¿Dónde tengo puesto el corazón…?
Es una manera de ver ese gran ideal de "El Señor tu Dios es solamente uno, amaras al Señor tu Dios
con todo tu corazón , con toda tu alma y con todas tus fuerzas.."
Si ese ideal lo traduzco en mi vida.
En Cristo Jesus, Maria y Jose.
Comentarios
Publicar un comentario